Venía tiempo tomándole los gustitos a un trosico de tela
de esos ya antigüitos por tanto uso que debió dársele.
Un retal de teJido alargado
costureado en en su largo,
con aspecto como de bolsa sin fondo.
Pudo bien servirle a un cuerpito fino,
como vestimenta veraniega
o por las mismas ser tenedor
de un traje de almohadonCito.
Tal utilidad le dio pues.
En los comiensos,
cuando aún el idilio
no era sabido, ni intuido, ni imaGinado,
hasía colar el cuerpito de la almohada
en la piel de hilo.
Ésta era blanca en su fondo
con floriponditos como de otra época.
Retratos de plantas coloriditas
de esas que bien estamparon regias las paredes de algunos habitáculos
como ilustraron tarrotes para las conservas.
Florotas en fuxión, rosita y verde.
Sin oJos, ni bocas;
más sí con expresión sonriente.
Pétalos en desproporCión de sus tallos.
Linda tela pues.
La usó de eso que les he escuchado llamar "po"
Llevándola consigo de habitaCión en habitaCión,
de casa en casa.
La usó para su mero relaHo.
Le proporCionó tantas cariCias
que terminó por haCerle Cicatrises.
El teHido mostraba entonses ranuritas leves
de las que se haCían bacheCitos de hilos deshilados.
Hubo de optar por no volver a lavarla.
Pues el agua puede haCerse agresiva
cuando la vejéZ ha llegado a los objetos que desidimos dar vida.
Ahora sí, la telita
tenía su espaCio de movimiento:
la cama.
Podía bien situarse
tan sólo apoyadita
sobre la mullida que le haCía los regosijos a la cabeZa;
como colorear de alegrías
el ángulo recto destinado
al reposo y gose de la individua
que tiempo atrás le diera vida.
*): Es muy difisil para mí escribir las palabras como han de ser escritas,
más me esfuerso con el propósito de que la lectura les sea más comodita.