Siluetas que hasen espejos
esperando a la luz de mar
olores ajenos a las sales
nos despiertan en amarillo.
Empuntándose hasia las nubes
la concha se define en hexágonos.
Estoy rocosa de superficie
y empapada de agujetas.
Movimientos bien lentitos
como oruga del Canadá.
Embriagada de tanto camino
sin prisa habré de llegar.
Extiendo una pata-aleta
y su diagonal al instante.
Restregando el viejo vientre
en las arenas,
en los hierbajos,
en la planicie a superar.
Con el cansancio que me itinera
la garganta se me hace agria,
con el viento barriéndome la casa
no me dan ganas ni de aflojar.
Pero ¡ay! que me invaden el camino
¡ay! que pasar no me es permitido
me exigen justificante
y yo no lo quiero dar.
Soy toda la que he sido
y la que está por llegar
¿por qué ponerme el vestido
de medusa,
de pajaro espino
o del que echa la batuta a temblar?
A mí ¡no me da la gana!
quédense ustedes de santos,
de inquisitivos mandones
o de lo que tachan fuera de humilde.
Que yo mi caparazón no lo cambio
ni por ruedas,
ni por hélices
ni mucho menos
por centrifugadores de libertad.
¡Quédense ustedes
con las inconformidades!
Con la mala leche si así quieren
y con el dedo de las molestias.
Que yo no quiero
que me marquen los caminos,
que no nesesito indicativos de amabilidad.
Que ésta que soy ya fui
y por llegarme está aún la edad.
¡Quédense entonses con sus líos!
Con la amargurita de las barreras
más no se enmascaren de
abiertos y de sensillos.
Porque bien Cierran las puertas
a quién extiende palabra distinta
a quién ofrese pensamiento variado
o a quién exclama su inconformidad.
Que yo lealtad
considero
al gran reto de llegar.
Más si fiel para los otros
es quedarse ordenadita
en un camino de grava
con la piedra marcadita,
no estoy por tirar dado
y ganar lo que definen partida.
Que la competisión
la marca una
y el comparativo es sí misma.
Que no me demoro en pistoletaZos
de entrada o de salida.
IniCio camino cuando el sol despierta.
Bañadita con el frío
que la noche sembró en tierra,
y con la luZ amarilla
que haCe brillos mi cubierta.
¡Ale!,
quédense ustedes
con la suerte de quién quiera.
Arrivederchi les digo,
y ciao
y no más.