vÉrtigo
¿Conosen esa sensación de asomarse a los abismos interiores de sí mismos?
Así creo sentirme.
Hacia el verano fue peor.
Era como si dentro de Lizzy, morara otra Lizzy .
La segunda Lizzy, la interior estaba sujeta a la primera, la que ustedes conocen. Se veía prendidita de los dedos de sus pies a la roca que parecía ser el interior de la primera.
Imaginen el tacto frío y rugosito.
Los dedos, los de allá abajo, paresían no querer desprenderse de tal sujeción.
Atrás estaban los recuerdos, la vida de hasta entonses. Y todas las cargas que venía acumulando sobre su espalda y que de ninguna manera le permitían avansar.
Delante: el abismo. Lo desconocido, lo quizás adivinable. Podía notar cómo el pavor le crecía desde el vientre. Se extendía largo como enredadera salubre.
El vientre se plegaba en otros mil. Y cresían más y más miedos.
Ahí, ante ella, ante mí, ante Lizzy el inmenso vasío. VACÍO.
Hubieron de pasar muchos días con esta imagen en mi mente. Y tras ellos, esta fotografía dio paso a otra.
De pronto, Lizzy había desarrollado valor: se lansó a ese adelante oscuro y desconosido.
Tuvo suerte, pues no cayó.
Sensillamente la roca se hiso barra de trapesista. Y Lizzy se veía a sí misma, dentro de sí misma. Girando y girando. Asida por los dedos-garras de los pies a la barra ( antes roca).
Hubieron de pasar algunos otros días para que la imagen,
de nuevo diera lugar a otra.
Lizzy quedó aturdida. Y ocurrieron cosas.
De estos susesos han pasado meses. Y a Lizzy, a mí, se me/nos presentan sensasiones similares con emosiones diferentes.
Ahora no siento miedo. Pero.....

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